Hoy leimos un cuento de Cortázar que se llama Carta a una Señorita en París que me causó mucha gracia y ternura, no paré de sonreir internamente ni un segundo mientras me imaginaba la imágen de un hombre introduciendo sus dedos dentro de la garganta para sacar a un conejito de las orejas y después la imágen del hombre sosteniendo al conejito bebé sobre la palma de su mano, GRANDIOSO. Ahora pará un poco con el antiperonismo y suicidios Julio.
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